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Palau Solità i Plegamans, Barcelona, Spain
Licenciada en Psicologia (UAB, 2002). Máster en Comunicación Empresarial (2.008). Terapeuta en EMDR, PNL y Psicologia Sistémica Familiar. Facilitadora de Constelaciones Familiares, Terapeuta en Flores de Bach, Técnica Metamórfica y Kinegenealogía.

sábado, 21 de marzo de 2009

ALIMENTACIÓN ENERGÉTICA: Una terapia revolucionaria.

¿QUÉ ES LA ALIMENTACIÓN NATURAL Y ENERGÉTICA?

Los alimentos son organismos que estaban vivos y que tienen un campo energético que va disminuyendo hasta que se desintegra.

Esta energía sutil nutre también a nuestro campo energético.

Cuanto más fresco y natural es el alimento, mayor campo energético tiene y mayor beneficio para nuestro propio organismo.

La nutrición energética se basa en el principio de que cada alimento produce un efecto diferente en nuestro cuerpo. Utilizando los alimentos y su energía podemos alcanzar y mantener el equilibrio cuerpo-mente.

Para ello es importante incorporar alimentos más naturales en tu vida pues son una fuente de energía primordial para tu organismo.

Nadie pone en duda que una correcta alimentación es imprescindible para sentirnos sanos y vitales. Pero la dieta puede ser mucho más: puede ser un instrumento terapéutico tan eficaz como los fármacos más avanzados.

En esta línea, la medicina energética estudia cómo aplicar las propiedades de los alimentos a la prevención y curación de enfermedades.


Jorge Pérez-Calvo, especialista en medicina natural, nutrición energética y medicina oriental -además de miembro del claustro de profesores de la Universidad Ramón Llull- lleva más de veinte años asesorando a otros profesionales de la salud y a enfermos que acuden a su consulta de Barcelona sobre los aspectos energéticos de la nutrición.


Jorge Pérez nos explica que desde la óptica de la nutrición energética, los alimentos son una herramienta terapéutica de primer orden por su inmenso potencial curativo que, de forma aislada o en combinación con otras terapias, pueden constituir una auténtica revolución a la hora de aumentar nuestro nivel de energía y, por ende, potenciar nuestra salud.


Desde el punto de vista de la medicina oriental, el poder terapéutico de los alimentos está en correspondencia con nuestras características fisiológicas. Por eso debemos entender quiénes somos para aprender qué podemos comer (para este análisis la ayuda de un profesional será imprescindible).


La dietética es, desde esta perspectiva, la primera medicina de la historia del hombre. No existen recetas ni fórmulas milagrosas; el verdadero milagro es la sabiduría del cuerpo.


Según los antiguos médicos chinos, la nutrición es una comunión entre el mundo y el individuo particular.


Así, la elección de los alimentos, el orden con el que los ingerimos, las mezclas de sabores, la temperatura y el método de cocción determinan reacciones psicofisiológicas que pueden ser drenantes, tonificantes o reequilibrantes de la salud.

Los médicos chinos no atienden únicamente a las características químicas de los alimentos, también atienden a las cualidades hereditarias y adquiridas del alimento (su especie, su lugar, su método de cultivo y la influencia cosmológica y planetaria), de modo que el alimento pueda consumirse poco después de ser recolectado -con toda su frescura- y que su producción y consumo esté en relación con la estación y el lugar en el que vivimos.


El sabor y el olor de cada alimento así como su consistencia, su forma y su color permiten detectar la identidad energética del producto.

En suma, cada alimento es vehículo de energías específicas que bien utilizadas pueden restaurar el principio vital del consumidor. Creado por el cosmos, el alimento restaura en el interior de nuestro organismo ese orden cósmico del cual procede.

Que los alimentos influyen no sólo en nuestro nivel de energía sino también en las emociones, el estado mental e, incluso, en la conciencia es algo apenas considerado por la dietética occidental.

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Sin embargo hoy se sabe, por poner un ejemplo, que los alimentos con alto grado de acidez como el azúcar producen una disminución de las reservas de sales minerales y una alteración de la flora intestinal con las consiguientes dificultades en la asimilación de algunos aminoácidos necesarios en la formación de los neurotransmisores y cuyo desequilibrio puede provocar, por ejemplo, dispersión mental, dificultad para concentrarse, cansancio general y decaimiento.


Como se sabe también que el azúcar blanco y otros azúcares monosacáridos como la miel - e, incluso, la ingesta de demasiadas frutas- pueden alterar el nivel de glucosa en sangre ocasionando hiperglucemia (lo mismo que su falta provoca hipoglucemia relativa), condicionando el estado de ánimo. Se ha probado también la relación existente entre el azúcar y la hiperactividad infantil así como entre el consumo habitual de cafeína y la ansiedad, el nerviosismo y el insomnio. Los ejemplos son muchos y se conocen en la medicina oriental desde hace milenios.


En principio, cualquier alimento puede afectar a nuestra situación anímica aunque por lo general no somos conscientes de esa relación causa-efecto.


Existen algunos ejemplos muy obvios entre los que podríamos citar la ingesta de alcohol y su potencial desinhibidor de las tensiones y las emociones estancadas, o del chocolate, que también suaviza la insatisfacción de las emociones reprimidas. Y no olvidemos el consumo excesivo de azúcar, que aumenta nuestra predisposición a la depresión y la dispersión. Para comprobarlo basta beber un vaso de agua con azúcar cuando se encuentra uno realizando un trabajo intelectual -sea leer, escribir o estudiar- y observar que el rendimiento decae notablemente.


Considerando estas reflexiones, hoy que empezamos la primavera os invito a haceros el firme propósito de COMER MEJOR siguiendo algunas premisas:


1. Más CALIDAD que CANTIDAD


2. Buscando productos frescos de temporada,

mejor locales que importados (habrán “sufrido” menos).


3. Observando y agradeciendo aquello que nos disponemos a ingerir como paso previo a su ingesta: degustandonos con la vista, el olfato...

(esto aumentará nuestra consonancia energética con los alimentos que nos disponemos a incorporar como parte de nosotros: recuerda que los alimentos son energía).


4. Masticando lentamente, saboreando cada bocado y concentrándonos en el proceso al que estamos llevando a nuestro cuerpo.


5. Todo placer tiene un prinicipio y un fin: es importante no atiborrarnos.

Seguro que tanto clímax nos hace despertar el deseo de “querer mas!”, pero nuestro cuerpo no merece trabajar horas extras y después tener que rendir al máximo!


Al finalizar agradecete el momento de satisfacción y espera hasta la próxima comida.

OBSERVA - SABOREA – AGRADECE


¡Son solo un par de minutos antes y despues de cada comida nos harán sentirnos mucho mejor! El tiempo no es una excusa y si la es, piensa el que puedes llegar a perder en médicos!


¡Feliz semana a todos!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola... Estamos probando...