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Palau Solità i Plegamans, Barcelona, Spain
Licenciada en Psicologia (UAB, 2002). Máster en Comunicación Empresarial (2.008). Terapeuta en EMDR, PNL y Psicologia Sistémica Familiar. Facilitadora de Constelaciones Familiares, Terapeuta en Flores de Bach, Técnica Metamórfica y Kinegenealogía.

sábado, 26 de agosto de 2017

La culpa, la pandemia entre los padres del siglo XXI

Ser padres despierta en nosotros sentimientos encontrados.  

Hoy quiero hablarte de LA CULPA, una verdadera pandemia entre los padres del siglo XXI.

En un momento en el que tenemos acceso a una información sin límites, en nuestra fantasía las posibilidades de LO QUE PODRÍA SER Y NO ES, TAMPOCO tienen fin.

Muchos padres se siente CULPABLES de no poder estar suficiente tiempo con sus hijos, CULPABLES de hacerlos sufrir con sus propios procesos vitales (cambios de trabajo, de pareja, etc), CULPABLES de no poder ofrecerles lo que desearían o sienten que merecen, CULPABLES de no saber hacerlo mejor con la cantidad de recursos que llegan a leer ;) 

Muchos padres y madres de hoy en día se sienten culpables casi todo el tiempo, muchas veces sin ser conscientes, que este sentimiento nos aleja dolorosamente del presente y por tanto de nuestros hijos, condenándonos de distintas formas, a modo de sutiles expiaciones que tenemos tan normalizadas que aceptamos naturalmente:
desvalorización, exceso de exigencia, tristeza, sentimiento de no merecimiento, etc.

La MAYORÍA,
hacemos lo que podemos siempre,
y  TODOS lo hacemos lo mejor que sabemos en función a nuestras circunstancias.

Los niñ@s necesitan rodearse de adultos:

- capaces de ACEPTAR SU PRESENTE, 

- capaces de RECONOCERSE Y ACEPTARSE A SÍ MISMOS con naturalidad,

- capaces de aceptar sus frustraciones, desesperación, limitaciones e impaciencias,

- capaces de identificar, expresar y gestionar saludablemente sus sentimientos

este es tu gran reto como padre/madre:
¿para qué?

para que tus hijos puedan expresar todo aquello que experimenten,
sin miedo a herirte o a sentirse juzgados por ti.

SOSTENER es el sustituto ideal para la palabra CULPA.

En ocasiones nuestros hijos expresarán dolor, ira o desesperación
y en ocasiones nos señalarán como responsables de sus sentimientos.
En ese instante, no olvides que no supiste hacerlo mejor... 

Si eres capaz de ‘sostener’
el enfado, el dolor, la tristeza o la frustración de tu hij@
sin sentirte culpable,
entendiendo que forman parte de su experiencia vital,
comprendiendo que le ayudarán a madurar y crecer (si quiere),
este sentirá confianza para expresar estos estados y ahí tendrá una oportunidad para transformarlos cuando surjan.

A través de tus ojos, podrá percibir la seguridad que necesita para aceptar y trascender lo que le ocurre.

Si, por el contrario,
cuando expresa sus sentimientos, te sientes culpable,
perderás fuerza en la dinámica,
es posible que sus emociones,
lejos de transformarse se magnifiquen y se vuelvan aún más contra ti 
a modo de SOS inconsciente,
desde su desesperación de no hallar el apoyo que necesita para poder trascender su estado.

Aprender a dejar de sentirse culpable es posible.

¿Te apuntas al reto?

Puedes compartir aquí tus experiencias  y si tienes alguna duda o sugerencia, puedes escribirme, GRACIAS!!



Rebeca Pabón. Psicóloga, Coach & Terapeuta. Telf 606 65 26 16 - repab@hotmail.com

rebeca@espaivida.es

domingo, 20 de agosto de 2017

Jóvenes y fanatismo, te sorprende?

Mucha gente se ha sorprendido al conocer las edades de los terroristas de los atentados en Catalunya. A mí personalmente no. Quizás será porque, desgraciadamente, acompaño con demasiada asiduidad a jóvenes insatisfechos, desmotivados y sin ilusión, socialmente desamparados y emocionalmente desorientados, a los que no les convence en absoluto lo que la sociedad les ofrece para construir su futuro.  Y no hay que irse fuera para encontrarlos, los tenemos aquí mismo. Puede que afortunadamente no sean la mayoría, pero son una minoría creciente que es importantísimo atender ya que son vulnerables a movimientos que les brinden identidad, pertenencia, misión y reconocimiento, aspectos vitales a estas edades y ejes centrales de cualquier influencia fanatista.

Estos días se ha hablado mucho de ‘los responsables’ de los atentados, haciendo alusión al yihadismo, los terroristas, sus células, envenenando aún más nuestro inconsciente colectivo. Es cierto que son los autores, los ejecutores, pero el gran responsable del radicalismo y el terrorismo es el propio sistema global en el que estamos inmersos. La creciente desigualdad, el trabajo precario que condena a muchos a mal subsistir, la frustración de muchas familias ante estas dificultades y la falta de un sistema social y educativo que atienda las verdaderas necesidades de los jóvenes, dificultando que desarrollen y emprendan su potencial con facilidad, crean un cóctel comunitario donde muchos adolescentes se pierden en busca de dirección.

Si añadimos a este escenario gente con vivencias de desarraigo, experiencias de migraciones forzadas, la pérdida de seres queridos en conflictos bélicos, y/o el rechazo directo o indirecto de muchos hacia la inmigración, tenemos, como resultado, jóvenes sin alicientes, necesitados de identidad y cargados de frustración, impotencia y dolor como combustible vital. Perfil ideal para manipuladores fanáticos. 

Pero no todo es negativo. Cuando veo a la gente salir a la calle unida, a pedir ‘libertad’ y a gritar ‘no tenemos miedo’… cuando hay tantos miles de millones manifestándose pacíficamente por todo el planeta, por una convivencia tolerante y pacífica,hay esperanza. Si potenciásemos esa unión, podríamos SER la sociedad que verdaderamente somos, la que hemos visto estos días: la solidaria, la participativa, la valiente… Pero nos hemos acomodado en la precariedad y el individualismo, nos hemos creído que no podemos hacer nada para cambiar las cosas, que solo nos queda el consuelo de quejarnos, porque mal de muchos,...

Me pregunto cuanto más dolor estaremos dispuestos a soportar hasta salir a gritar por los DERECHOS DE TODOS, a gritar por una mayor dignidad social (de sueldos, conciliación familiar, vivienda, oportunidades etc). Me pregunto ¿Cuando empezaremos a cuidarnos verdaderamente unos a otros?.

El otro día salí, como miles de personas, a guardar un minuto de silencio. Lo guardé por TODAS LAS VÍCTIMAS, incluidos esos jóvenes que se perdieron hace tiempo en un sistema para el que no se sintieron importantes. Acabaron siendo presa fácil de radicales, falleciendo por su loca causa, sumándose al total de víctimas mortales (en total 20, 14+6). Quizás esta ecuación hiera sensibilidades, pero ningún ser humano es una potencial amenaza al nacer, ¿por qué no contarlos como víctimas mortales, más allá de sus actos por respeto a sus familias?, ¿acaso no han muerto?. Guardé silencio por todas las familias que han perdido a sus seres queridos, que han visto truncados sus proyectos con ellos, que han tenido que renunciar a sus anhelos y expectativas, que tendrán que sostener el recuerdo de este doloroso hecho y sus consecuencias,  año tras año… 

En un par de días se dejará de hablar de lo ocurrido. La vida solo habrá cambiado, verdaderamente, para quienes perdieron a alguien, y es lamentable. Estas muertes SI deberían tener un sentido, si nos tendrían que hacer reflexionar más allá del terrorismo y empujarnos a un cambio. Todos pertenecemos a este sistema que, en muchos aspectos, no cuida verdaderamente a a quienes lo conforman.  Nuestra solidaridad y nuestra unión, son necesarias TODOS LOS DÍAS y podemos empezar a expresarla con pequeños gestos: preguntarnos como nos va, qué necesitamos, cómo nos podemos ayudar...

Ante la imposibilidad de un cambio social inminente desde el escenario político, quizás sería importante que empecemos a tomar consciencia y a unirnos en proyectos que SI empiecen a cambiar verdaderamente el mundo, que expresen la humanidad que hemos visto estos días: somos más numerosos, más fuertes y más rápidos que ningún gobierno. Apostemos por proyectos que cuiden de nuestros jóvenes (ellos atesoran el futuro), que les brinden oportunidades, que atiendan con verdadera dignidad, a los más desfavorecidos. Está en nuestras manos educar para evitar el fanatismo, brindar un modelo social de convivencia tolerante y pacífica a nuestros hijos y potenciar proyectos que multipliquen sus oportunidades. Usemos nuestra creatividad, usemos la cooperación. Hagamos algo bonito en honor a las víctimas, empecemos por empezar a cuidarnos verdaderamente unos a otros.

Te invito a compartir este mensaje y dejar tus comentarios. Gracias!